LA ERA DE LOS INNECESARIOS REMAKES

Poster de Aladdin live action

Esta semana el mame que hizo estallar las redes sociales fue la noticia de la nueva adaptación a live action por parte de Disney de la película “La Sirenita”, para cuya protagonista eligieron a la incipiente cantante Halle Bailey.

Meme de La Sirenita con Halle Bailey
Uno de los memes de la semana

Al ver que la cantante no era pelirroja como el personaje animado, sino de etnia afroamericana, los internautas estallaron y comenzó la guerra entre dos bandos: por un lado, los progresistas y millennial diciendo: “es una adaptación, no tiene por qué ser pelirroja, no le veo nada de malo, ella es hermosa, canta divino, de todos modos la del cuento tampoco era pelirroja, ya supéralo, ¡es hermosa, maldito racista!” Y por el otro, los que no apoyan tal decisión y cuyos argumentos también fueron en crescendo: “No es lo que esperaba, no hay motivo para hacerla negra, Maldito Disney arruinas mi infancia, no soy racista, pero es horrible, ¡maldita negra! ¡Malditos negros, arruinan todo!”

Esto hizo que automáticamente todo aquel que apoya a la actriz sea tildado de millennial llorón y todo el que no, de racista llorón. Para el caso, ambos bandos se llaman “llorones” mutuamente.

Y en medio, hay una cantidad de argumentos, unos muy sensatos; otros, una verdadera tontería, que avalan o describen por qué o por qué no debería hacerse este enésimo remake. Que si la Sirenita de Andersen no era pelirroja, que si no debía haber un cangrejo caribeño, la gran falla del cambio de final en la versión del 89, que si estamos en una nueva era y debemos cambiar los productos para las nuevas generaciones… pero en medio de todo, nos surge la gran pregunta: ¿realmente es necesario que se haga?

UNA DÉCADA DE REFRITOS

Red Lives Matter

No es realmente algo nuevo este asunto de los remakes. Son algo que viene haciéndose desde siempre, con cintas como “Scarface”, “Ben-Hur”, “The Thing” o “The Fly”. Sin embargo, el mercado no se veía tan saturado de ellos como ha sucedido en esta década, donde los productos cinematográficos se basan en ser secuelas, precuelas o de plano remakes de productos ya consolidados y bien conocidos. El problema es que estos refritos han resultado un fracaso en su mayoría, a grado tal que este año se ha llegado a un punto de bajeza tal, que la cartelera principal parece sacada de la de hace dos décadas: “Godzilla”, “X-Men”, “Toy Story”, “Aladdin”… ¡hasta hicieron un meme de esto!

Nuevamente, el público tiene opiniones divididas: una facción pide a gritos que ¡ya basta!, que necesitamos historias nuevas porque estamos hasta la gorra de refritos; la otra dice, con aires de sabelotodo: “se llama mercadotecnia, amigo, ¿sí sabes? Se trata de vender”.Y nuevamente, en medio, el público, quien ya no sabe si ir al cine a ver una mala versión de una película que le gustó mucho hace 30 años o mejor ir a otro lado para evitarse la decepción.

EL PROBLEMA DE SER CORRECTOS

Esta década trajo consigo la visibilización de problemas que llevan toda la vida aquejándonos: el racismo, el machismo, la discriminación, la injusticia social. Los sectores sociales se han hartado de ser siempre los eternos segundones del estrato social “varón heterosexual entre 20 y 40 años, de preferencia blanco y cristiano” y están luchando por sus derechos y por tener cara, voz y voto no sólo en la vida diaria, sino en el entretenimiento. Y es una lucha correcta y justa. La humanidad posee enorme variedad, es más que sólo hombres hetero blancos burlándose del resto. Sin embargo, el modo de enfrentar una problemática real se ha convertido en una especie de caricatura de sí misma, con decisiones que van de torpes a ridículas. Y las empresas, en un afán de demostrar que están de acuerdo con estos sectores en pugna (mujeres, negros y gays principalmente), les están dando lo que en México llamamos “atole con el dedo”, que no es sino dar placebos “para que vean que sí les hacemos caso”, en lugar de atender a la justa demanda y crear soluciones viables.

Comparativa de los remakes live action de Disney

Estas malas decisiones son las que hacen que, en lugar de crear personajes nuevos y frescos, que representen a todas estas personas que luchan por sus derechos; se cambie de sexo, color u orientación sexual a personajes que eran de otro modo. Los resultados han sido controvertidos, resultando un fracaso la mayor parte de las veces. Ni siquiera es necesario dar ejemplos. Ustedes ya los han visto en el cine uno tras otro, desfilando en una serie de películas que, cual pasarela, sólo decepcionan más y más a la audiencia.

EL PROBLEMA DE LA NOSTALGIA

Aunado a la inclusión forzada, tenemos un factor de nostalgia. Esta década ha estado impregnada de un enorme deseo de volver a los años 80 y 90. Lo vemos flotando en el mundo de la cultura pop. Y el modo más fácil de traernos de vuelta “Los Años Maravillosos” (que para muchos fueron nuestra infancia) es, precisamente… ¡rehacer las películas que vimos en aquella época, pero con los toques de inclusión nada sincera que ya hemos mencionado!

¿Era necesario?

Así, tenemos otro desfile de películas que pasan por el hacha de la pasteurización y nos entregan versiones mutiladas y grises de películas que en su momento funcionaron, como “Robocop”, “Total Recall”, “Terminator”, “Los Cazafantasmas”, “It”, “Cementerio de Mascotas”, “Chucky”, etc.

Y luego, tenemos a Disney…

EL PROBLEMA DE DISNEY

Abramos este apartado especial para hablar de los remakes realistas de Disney. Esta década se ha visto inundada de filmes live action o en 3D emulando acción real sobre algunas de sus películas más memorables. Sin embargo, estas adaptaciones han quedado muy por debajo de la calidad de sus predecesoras animadas, con un resultado que va de gris a malo y una recordabilidad baja o nula. La gente que ha asistido a la sala ha salido con un dejo de sinsabor que, en el mejor de los casos, defienden con un “está entretenida”.

Y es que, si lo analizamos, estas películas son totalmente innecesarias. Buenas o malas, con defectos o no, las versiones animadas dejaron una huella en su público. Aún con sus cambios con respecto a los cuentos originales o sus finales alterados, las versiones animadas generaron un gusto que rebasa a las generaciones. Son filmes realizados para que niños y adultos de todas las edades los disfruten en familia. Querer rehacerlas décadas después resulta totalmente innecesario.

Y esto se ha visto en la impresión del público. Pese a que hay defensores, lo cierto es que estas nuevas adaptaciones han eliminado la importancia de los villanos, haciéndolos seres delicados, nobles, abnegados y que en el fondo sólo desean amor. Basan casi todo su atractivo en los gráficos por computadora y en la música, que no alteran porque hacerlo sería perder por completo la batalla. Los soundtrack de Disney, en especial los de los años 90, son auténticas joyas muy bien pensadas. Por ello, estas nuevas adaptaciones se aferran a las canciones para readaptarlas y usarlas como arma principal para atraer público.

Sin embargo, Disney ha sacado animaciones nuevas en esta misma década que han resultado exitosas por su cuenta y que se han ganado su sitio en el gusto del público: “Zootopia” es una historia propia, bien narrada, que genera dudas en el espectador, que lo lleva a hacer suposiciones conforme avanza la trama, que empatiza y hace que el espectador se identifique con las situaciones (la escena de los perezosos es una de las más alabadas por su nivel de identificación); “Valiente” es una historia sin villano, pero con mucha introspección, donde la protagonista defiende a toda costa su poder de decisión y que comete severos errores que pueden costar la vida de alguien amado; “Ralph el Demoledor” es una gota de nostalgia y sentimientos llevados hacia el público gamer; “Frozen” fue el furor en la niñez de esta década con canciones pegajosas y personajes muy identificables.

Entonces, ¿por qué no mejor seguir enfocándose en eso? ¿Por qué aferrarse a rehacer lo que ya está hecho y encima, alterarlo sin necesidad sólo por una necesidad de verse inclusivos?

PERO NO TODO ESTÁ PERDIDO

Aún con todo este atascadero de producciones refritas, no todo está perdido. Hay algunos remakes que curiosamente sí quedaron bien y que sí superan a sus originales. Tal fue el caso de “The Hills have eyes” (mal traducida aquí como “El despertar del diablo”), película de 2006 donde Wes Craven rehace su propia película del ’77 con mayor crudeza y crueldad que su versión original o, en esta década, de “Voltron”, serie animada de Dreamworks para Netflix, donde readaptan una serie de los 80 bastante plana y la reaniman, dando carisma y peso a cada personaje.

Roberta Warren de Z Nation
Una teniente muy bad ass

Y por otro lado, quizás no en cine, pero sí en formato casero, estamos viendo series y películas que se salen de la tónica convencional y que crean personajes para esta nueva era, sin necesidad de alterar a personajes ya existentes. Tal es el caso de la Teniente Roberta Warren, de “Z Nation”: una mujer en sus 50, fuerte, decidida, afroamericana, sin pelos en la lengua y con dotes de líder. Eso es lo que necesitamos, no que vuelvan afro a todos los pelirrojos. (Que cosa es de decir, eso sí que es racista).

Esperamos de todo corazón que las empresas dejen de estar recurriendo al pasado y miren más en este presente. Hay talento que puede apoyarse y hacer que sea rentable, muestra de ello es “Stranger Things”, que juega con el factor nostalgia, pero narrándonos una historia nueva. Sabemos que nada es 100% original y que estas alturas hallar algo que nunca se haya visto es más que difícil, pero todavía hay modos de contar historias y hacer que éstas se vuelvan recordables. Ojalá termine esta era de innecesarios remakes.